Louise Glück

Recetas invernales de la comunidad

 

 

(Traducción al español de Andrés Catalán)

 

 

Día del Presidente

 

Un sol amable por todos lados

hacía brillar la nieve: casi como si

estuviera vivo, pensé, qué agradable

volver a ver algo así; tenía las manos

casi calientes. Algún

principio rige aquí, pensé:

loable, mostrar cierto interés

por la vida humana, pero por si acaso

lancé algo de nieve por encima del hombro,

ya que no tenía sal. Y como era de esperar

regresaron las nubes, y como era de esperar

el cielo se puso oscuro y amenazador,

igual que antes, salvo

que las pérdidas se acumulaban…

Y sin embargo, hace un instante

brillaba el sol. Qué alegre estaba mi cabeza,

disfrutándolo, siendo la primera en sentirlo

mientras las extremidades esperaban. Como una colmena

abandonada.

Alegre: esa es una palabra

que no usábamos desde hace tiempo.

 

 

 

 

Un recuerdo

 

Se apoderó de mí una enfermedad

cuya causa nunca llegó a determinarse,

aunque se fue haciendo más y más difícil

mantener una apariencia de normalidad,

de buena salud o de alegría existencial…

Poco a poco me fue apeteciendo estar solamente

con los que se me parecían; los busqué como pude,

algo que no era precisamente un asunto sencillo

puesto que estaban todos disfrazados o escondidos.

Pero al final encontré algunos compañeros

y en aquella época a veces salía a caminar

con uno u otro por el margen del río,

hablando otra vez con una franqueza que casi había

olvidado…

Y sin embargo, casi siempre guardábamos silencio.

Preferíamos

el río antes que cualquier cosa que pudiéramos decir…

En ambas orillas la alta maleza ondeaba

en calma, sin cesar, bajo el viento del otoño.

Y me pareció recordar este lugar

de mi infancia, aunque

en mi infancia no hubiera ningún río,

solo casas y jardines. Así que tal vez

estuviera regresando a aquel tiempo

anterior a mi infancia, al olvido, quizás

fuera ese río el que recordaba.

 

 

 

 

Tardes y anocheceres

 

Aquellos días dorados cuando tu muerte estaba cerca

pero aún podías entablar conversaciones casuales con

desconocidos,

casuales pero también premeditadas, de modo que las

impresiones del mundo

aún seguían tomando forma y cambiándote,

y la ciudad estaba en todo su esplendor, casi vacía en

verano,

aunque entonces todo sucediera más despacio:

comercios, restaurantes, una pequeña vinoteca con un

toldo a rayas,

donde una vez un gato estaba dormido en el umbral;

hacía fresco allí, en las sombras, y pensé

que me gustaría dormir así otra vez, no tener en la

cabeza

ni un solo pensamiento. Y después comimos pulpo y

saganaki,

mientras el cocinero cortaba hojas de orégano sobre un

platito de aceite…

¿Qué serían? ¿Las seis en punto? Así que cuando nos

fuimos aún había luz

y todo podía verse tal y como realmente era,

y luego te subiste al coche…

¿A dónde te fuiste luego, después de aquellos días

en los que aunque no podías hablar aún no te había

perdido?

 

 

 

 

Canción

 

Leo Cruz hace unos cuencos blancos preciosos;

creo que debería conseguirte alguno

pero ¿cómo? Esa es la pregunta

en estos tiempos

 

Me enseña

los nombres de las hierbas del desierto;

me ha dado un libro

ya que es imposible ver las hierbas

 

Leo cree que las cosas que hace el hombre

son más hermosas

que lo que existe en la naturaleza

 

y yo digo que no.

Y Leo dice

espera y verás.

 

Planeamos

recorrer juntos los senderos.

¿Cuándo?, le pregunto,

¿cuándo? Jamás:

eso es lo que no decimos.

 

Me enseña

a vivir en la imaginación:

sopla un viento frío

mientras cruzo el desierto;

alcanzo a ver su casa a lo lejos;

sale humo de la chimenea

 

Será el horno, me digo;

solo Leo hace porcelana en el desierto

 

Ah, dice, otra vez estás soñando

 

Y entonces digo: me alegro de estar soñando

el fuego aún sigue vivo

 

 

 

 

Siete años después de Noche fiel y virtuosa y uno después de la concesión del Premio Nobel de Literatura, Louise Glück (Nueva York, 1943) regresa una vez más en su nuevo libro a una meditación sobre la vejez, la muerte y la poesía: una exploración sobre qué escribir cuando el viaje se acerca a su inevitable final y la única posibilidad es el silencio que ya anunciaba el lienzo en blanco del pintor de su libro anterior. Los poemas de Recetas invernales de la comunidad —música de cámara para un coro de voces espectrales, sobrias y elegíacas— nos hablan de la vulnerabilidad y la fragilidad de un sujeto que en el invierno de la vida, en un paisaje desolado donde no existen más que los bosques, el frío, el viento y un sol del que solo sabemos por la sombra que arroja, sigue rememorando con lucidez el pasado y con inquietud un futuro que parece desprovisto de toda esperanza de renovación, cuando «todo regresa, pero lo que regresa no es lo mismo que se fue». Louise Glück siempre ha sido una poeta de la pérdida, el silencio y el vacío, pero nunca como ahora lo había hecho con tanta verdad, con tanta serenidad, ni de una manera tan frontal y despojada.

 

 

 

-Louise Glück
Recetas invernales de la comunidad
Traducción de Andrés Catalán
Colección Visor de Poesía
España, 2022

 

visor

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